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Lección 32 Agosto 06 de 2023

  • Admin
  • 9 ago 2023
  • 4 Min. de lectura

PARA LOS NIÑOS: “Los Últimos Días de José”

Propósito:

Enseñar que debemos perdonar a los que nos ofenden, para tener paz todos los días de nuestra vida, hasta que el Señor nos llame a Su Presencia.



Introducción:

Una vez muerto Jacob, todos regresaron a Egipto y reiniciaron sus actividades. José, por haber sido designado en lugar del primogénito, queda como el patriarca de la familia, además, por su posición política, tenía la autoridad y poder sobre todos los descendientes de Jacob. Esta situación alarma a sus hermanos, quienes temen un acto de venganza por parte de José. La tradición familiar de los patriarcas estaba llena de conflictos que muchas veces quedaban en quietud por respeto al progenitor, pero una vez que este ya no se encontraba, el ofendido tomaba venganza; con este pensamiento, los hermanos de José pensaron que éste, tomaría represalias en su contra, pero no fue así, porque él los perdonó sinceramente y así transcurrieron en paz los últimos días de José.


I. El Ruego de sus Hermanos, vv. 15-18

Los hijos de Israel llevaban diez años viviendo en Egipto, porque murió Jacob a la edad de 147 años y cuando llegaron a Egipto, él patriarca tenía 137 años (Gn.47.9, 28). Y a pesar de todo ese tiempo, los hermanos de José, movidos por su sentimiento de culpa, pensaban que él se vengaría de ellos. Es seguro que José por sus ocupaciones no tuvo mucho contacto con sus hermanos. La conciencia los acusaba y por su maldad tuvieron temor; para proteger sus vidas inventaron que su padre antes de morir había dejado una súplica para José. Le comunicaron que Jacob había dicho que él tenía que perdonar a sus hermanos, el patriarca no pudo haber dicho tal cosa, porque eso equivaldría a dudar de la sinceridad de su hijo amado. Los hermanos de José inventaron eso para que no hubiera represalias en su contra y por eso vinieron y se postraron delante de él y le dijeron: Henos aquí por tus siervos. De esta manera se cumplieron los sueños José.


II. Consuela a sus Hermanos, vv. 19-23

José les declaró que sin duda alguna habían cometido grande maldad, porque el venderlo como esclavo fue algo horrible, pero Dios en su providencia había determinado que así sucediera, para enviarlo delante de ellos y así preservar sus vidas les dijo: Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó á bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Él no estaba en lugar de Dios y el Señor los juzgaría en su debido tiempo. José amorosamente consuela a sus hermanos, les da la seguridad de que continuarían gozando de sus favores, como lo había hecho durante la vida de su padre. Ellos constataron la sinceridad de sus palabras avergonzados una vez más por sus actos. José tuvo la bendición de vivir ciento diez años (Gn.50.22), llegando a ser gobernador de Egipto ochenta años (Gn.41.46). Durante ese tiempo vio cómo se multiplicaron los hijos de Israel, dejando de ser un clan para transformarse en una nación. Pudo ver hasta la tercera generación de los hijos de Ephraim. También vio a los hijos de Machîr, hijo de Manasés, la Biblia dice que todos ellos fueron criados sobre sus rodillas.


III. Sus Instrucciones para su Funeral, vv. 24-26

José les dijo a sus hermanos que moriría y les recordó la promesa que el Señor había dado a Abraham, y confirmado a Isaac y Jacob, en el sentido de que su simiente heredaría la tierra prometida. José les pidió a sus hermanos que no dejaran sus restos mortales en Egipto. El deseaba que su cuerpo tuviera el descanso en la tierra prometida hasta el día de la resurrección de los creyentes, esa fue la esperanza de su fe y la creyó firmemente. La Biblia dice en Hebreos 11.22 “Por fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel; y dió mandamiento acerca de sus huesos”. José al morir fue embalsamado y colocado en un ataúd, esperando el día del éxodo para su pueblo. Cada que veían los hijos de Israel ese ataúd recordaba la promesa de que regresarían a la tierra de Canaán. Así termina el libro de Génesis y pasarán muchos años y muchas aflicciones antes de que se cumpla esa promesa. Al pasar del tiempo, Dios visita a su pueblo y los restos de José son llevados a su sepulcro final en Canaán (Éx.13.19; Jos.24.32).




Conclusión:

Niñitos José desechó la oportunidad que tenía para vengarse de sus hermanos y decidió proveerles el sustento presente y futuro, para ellos y sus familias; así como José perdonó a sus hermanos, nosotros debemos perdonar a los que nos ofenden (Mt.6.12). José, aunque vivió en un país extraño rodeado de idolatría, ocupando el puesto más alto en el gobierno y en una situación acomodada, se mantuvo fiel al Señor creyendo con fe firme en la promesa, de que su pueblo volvería a la tierra que les había prometido. Niñitos perdonemos a los que nos ofenden para que, llegado el momento de nuestra muerte, podamos partir en paz con la satisfacción de haber agradado a Dios.


CATECISMO INFANTIL.

Pregunta No. 53

¿Qué vida llevó Cristo en este mundo?

Respuesta:

Una vida de pobreza y padecimiento.



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